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Modificación lúdica de una prótesis de comunicación digital
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CONCEPTOS

Movilidad

Vivimos en una cultura global de la movilidad. Las tecnologías de la comunicación aumentan su portabilidad lo que permite a los medios moverse con nosotros. En Mobile-mobile la frenética inercia de la vida actual queda atrapada en una escultura de cinco barras, en un "móvil de teléfonos móviles".

La cultura global es una cultura de la movilidad. El dinamismo que han adquirido las sociedades en un mercado sin fronteras ha recaído en unos individuos inquietos que buscan estar a tono con la velocidad de las cosas. La permanente reposición de "recursos humanos" que hacen las empresas, los indicadores de la bolsa, el fenómeno de la inmigración, la imagen del freelance que trabaja con nuevos medios, las fusiones, el creciente intercambio estudiantil entre países, las sorprendentes ofertas de puentes aéreos que se publicitan, son algunos ejemplos contemporáneos de este fenómeno. Como activador de este dinamismo, está la línea de desarrollo ascendente de la tecnología que acelera todo tipo de procesos.

Pero no hablamos aquí tan sólo de un entorno en el que las personas transitan de un lugar a otro ni tampoco sólo de la posibilidad de conectarse con espacios remotos como lo ha permitido el teléfono. Los citados ejemplos son parte de un esquema complejo si consideramos que a los espacios físicos, que son la medida real para ponderar el movimiento, se suman los espacios virtuales. El individuo moderno, por tanto, ya no sólo acelera su vida gracias a los medios de comunicación, una más eficiente urbanización y mejores medios de transporte, sino también, porque interactúa en tiempo real con espacios virtuales, constituidos por datos, imágenes y sonidos. El gran ejemplo de esta doble condición de espacio es Internet. La movilidad no es únicamente sinónimo de desplazamiento físico, sino también de desplazamiento mental.

A este contexto, la portabilidad agrega un eslabón más de complejidad. Los avances tecnológicos disminuyen el tamaño de los ordenadores, teléfonos móviles, PDA's y reproductores MP3, y aumentan sus prestaciones. Este proceso de miniaturización calza perfectamente con el sentido de la movilidad actual. Los recientes dispositivos electrónicos nos permiten llevarlos con nosotros, y por tanto, cambiarnos del espacio real al virtual y del virtual al real continuamente, sin alterar nuestros recorridos físicos. El marketing aprovecha este hecho para vender la imagen de un individuo libre, que elige fluidamente donde estar. Surge entonces la pregunta de qué pasa con las relaciones sociales en este contexto.

Jorge Luis Marzo se refiere a este punto con cierta sospecha: "La movilidad no debe ser entendida como el simple hecho de "moverse" en el espacio, sino que debe articularse como un valor político aplicable más allá de la simple actividad física de las personas. La movilidad es una forma de comprender las relaciones sociales y una estrategia para dar pleno sentido a ciertas herramientas de comunicación." (Marzo, 2003: 125) Y agrega: "La movilidad no es tanto una realidad, sino la materialización real (a través de la tecnología) de una ilusión: la de controlar nuestras vidas en unos tiempos y espacios completamente relativos." (Marzo, 2003: 126)

La movilidad, finalmente, se convierte en un valor contemporáneo pero a la vez en un concepto ecléctico. Con el manejo simultáneo de diversas capas espaciales, la movilidad es amplificada. El nuevo sujeto móvil viste las calles y el espacio público, aferrándose ya no a los espacios de vinculación social sino que a aquellos objetos que lo guían en la sinuosidad de los diversos mundos que habita.

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